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LISBOA, LA HECHICERA

 

Lisboa es una ciudad tranquila y amorosa que ha ido atravesando las épocas, yéndose con pasos lentos desde la Catedral, siglo XII, a los modernísimos puentes tendidos sobre el río Tagus; desde el acueducto Aguas Livres, siglo XVIII, a la futurista Estación de Oriente.

 

 

 

 

Lisboa pertenece al género de ciudades con encanto. Para el turista ocasional, la ciudad sorprende y atrapa. Para el viajero que pretenda sumergirse en una cultura diferente, también está presente Lisboa. Yo os presento unas imágenes que a mí siempre se me quedan retenidas para que la memoria, sin esfuerzo, las pueda rescatar una y otra vez. Siempre quieres volver y llenarte de aquello que te transmitieron en el primer viaje.

 

Lisboa es oro y ocre, un color dorado que la piedra le imprime y que le da el sabor de lo antiguo. Emana el sabor añejo en calles y fachadas, en  monumentos, en tranvías y plazas.

 

Del color del albero, Lisboa embiste a los sentidos.

 

 

 

Hay que hacer notar las pinturas que se acumulan en el Barrio Alto, feudo de los grafiteros y lugar para ir a cenar o para salir de noche. Son obras de arte que han llamado la atención del Museo Efímero del Barrio Alto (el primero del mundo de estas características) reclamando sitio para los lisboetas que quieran admirar este tipo de pinturas que esconde la zona. Es tan importante ese hecho que el Movimiento Dspierta Lisboa (MAL) ha llevado a cabo un interesante recuento de pintadas y murales "grafiteros" distribuidos por las paredes del barrio. Dice Daniel Oliveira, del MAL que "el grafito es arte, y punto final." Y defiende que ese medio está vivo, con diferentes estilos, expresiones y artistas de varias generaciones.

 

Decididamente este es un barrio tranquilo, con amas de casa de compras en el mercado y las tascas muy frecuentadas a la hora de la comida. Pero también la droga hace su aparición y su consumo, que aumenta según la noche se acerca, degradando el ambiente. Es entonces cuando es hora de irse, si no se cena en cualquier restaurante de la zona, arracimada de locales amenizados con fados.

 

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