UN POETA: FÉLIX RODRÍGUEZ CASTRO "EL MAYORAL"
Es un poeta anónimo que nadie conoce. Como él hay miles en España y en el mundo. Pero la naturaleza humana, cuando una pasión la inclina, cuando una fiebre fuga hacia un punto que es diana, camina intrépida y terminante porque es y está en su condición y vive en su esencia. Y es sustancia que nutre el ser de esta gente sin la cual los personajes no existirían.
Este poeta que aquí traigo está hecho de los retazos que su caminar mundano lo han vestido: gañán, que es decir bregar con el alba; minero, que es ahondar en el extravío de la ceguedad; taxista, que es, por comunión vecinal, traficante puro, prisa rasante, parlería, mercadeo. Así fue, así se movió por el mundo. Cada uno de estos tatuajes que lleva su piel le dejó una traza de arideces y desmadres, de brillos de luciérnagas, de matices desnudos y desacoplados, adonde alojó desnucada su carga aventurera.
Ese bagaje, que siempre fue el espigón de sus iniciativas, ahora le aflora cuando se desmaya en soledades y se convence de la estrecha relación existente entre poesía y vida, entre la experiencia de crear y la experiencia de ser. Dice con Paz -al que sé que no ha leído y de ahí su mérito-, que la poesía es “la historia de todas las revelaciones y de todas las revoluciones”.
Su ser y su tierra son como una fuente que no cesa de manar a lo largo de toda su vida y la que ésta no deja de proporcionarle frutos innumerables. Ahora los recoge, confortado en la serenidad y la entereza. Ahora surge el poeta que siempre quiso ser y no pudo; pero nace maduro, no en despunte; no lleva amarrado su verso el lazo bisoño del aprendiz de todo, no es yerba incipiente que verdea en los campos de sembradío, sino cosecha fecunda regada por su inspiración.
Félix Rodríguez Castro es el poeta. Así se llama. Y así como hay poemas que enternecen como las caricias de un niño, poemas a las que a sus palabras se les ha sacado astillas fulgurosas que iluminan los espíritus a la manera que lo hace una vara de luz en el firmamento, así se nos presenta y se nos manifiesta este poeta. Con la sencillez del verbo, que es pura apariencia, fragua pensamientos de altura que le dan color a la bondad, a la ternura y a la belleza, pues es capaz de atrapar el aire y musicalizarlo, de darle lustre a un lucero, de inventarse un océano sin orillas y verlo real, de darle alcance al infinito. Es él un barrero de la palabra, a la que amasa, la tornea, la cuece en su cabeza novelera y soñadora, y la ofrece al lector como pieza de albornía única.
Versifica a ratos en algunos de los espacios muertos que le presta la vida. En los otros espacios muertos que no aprovecha como poeta, holgazanea o ronda arroyadas de sombra y miel en su finca taurina y torera de “Llanomojao”. Ésa es su suerte y su vida y su privanza. Pero es también la que confisca al papel sus venturas y aventuras intelectuales.
En su intimidad le esperan las meditaciones del día que en sus paseos le ha ofrendado al viento y al cielo planetas irisados, caballos alados, nubes de colores. Porque es persona en vuelo y a la vez es raíz en tierra. Ser aire y sombra al mismo tiempo le dotan de voluntad para transponer el más allá que en él late y ahora alienta de una forma muy determinante. Planean sus reflexiones en ideas superpuestas, sobre sí mismas.
Desde el mismo centro de su paisaje eleva el corazón a la demasía y le da alturas a la inspiración hasta transfigurarla en magia, pues siente su mundo interior sin necesidad de señales externas que le hagan ordenar el hato y asomarse a otros mundos tirando millas en busca de otras romerías y otros padrenuestros. Ya digo, no necesita dejar sus aires para atrapar la sencillez y la armonía de las cosas y dejarlas caer en papel sin aspavientos y sin excesos. Sólo con vehemencia.
Inserto a continuación este poema de él, uno más de los nacidos de su sensibilidad natural.
A ESE DIOS
A ese Dios
del limpio amor
que inspira sinceridad,
a ese Dios
todo bondad
en un libre corazón,
a ese Dios
yo me remito.
Niego al dios que es rito y mito,
coartada de granujas,
contamínate sustento
de ignorantes y de brujas,
de toda legión de lilas,
mentecatos meapilas
hipócritas y baratos.
A es dios irracional
defendido a toda ultranza
por quienes llenan la panza
con el cuento teologal...
A ese dios todo castigo,
de mi corazón destierro…
Ese dios es mi enemigo
y… ¡quiero celebrar su entierro!