SISAPO, ¿POR QUÉ?
Por mi amor y respeto a la arqueología. Porque la tierra y la piedra son documentos que dejan leer en un campo sin letras firmado millones de años atrás. Porque nos descubren el mensaje oculto de las capas de la tierra y nos encaminan a nuestro pasado más remoto; porque la arqueología permite una documentación que puede ser sesgada, no lo niego, pero lo que se ha conservado no lo está de forma “voluntaria”, y al no haber esa voluntariedad de conservación permite un registro amplio. Más amplio que como lo explican los documentos escritos. Porque unas piedras colocadas por la mano del hombre o unos trazos de color en una roca nos ofrecen la expresión de una forma de entender el mundo.
Y porque Sisapo está tan cercano, tan a mano, es tan nuestro, que lo he elegido como bandera de la web.
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SISAPO. SU HISTORIA
No sería yo de buena familia si dejara pasar, en éste mi primer contacto con la cepa o la raza de Alamillo-Sisapo, la oportunidad de reseñar los motivos que me han arrojado a elegir Sisapo como nombre de guerra. Para los lectores que lo conozcan, perdón pido; para los que lo ignoren, no está de más saber que en un rincón de nuestra geografía hay un espacio digno de visitar.
Para centrar mi explicación debo situar al que a bien tenga leerme en el sur de la provincia de Ciudad Real. Un valle, el de Alcudia; un pueblo en los umbrales, Alamillo; y un poblado, La Bienvenida-Sisapo, un yacimiento arqueológico.
Efectivamente, un yacimiento arqueológico de incalculable valor para conocer la historia de la zona suroeste de la Península Ibérica.
Me desplazo para conocerlo.
Mi crónica:
Sisapo. Me interesa conocer lo conseguido hasta ahora en las excavaciones en las que están trabajando lo arqueólogos y llego hasta el cerro, sofocado por el calor que, aunque muy temprano, aprieta lo suyo. Una ciudad va emergiendo a golpes de mimos, amor y cuidados. Estoy pisando Sisapo. Hay cerca de treinta personas moviendo tierras, divididas en dos grupos. Pido permiso para hacer fotografías y uno de los tres arqueólogos me dice: “Todas las que quiera, pero de aquí no –me señala un área- hasta que las publiquemos nosotros”. Es un hallazgo nuevo. “Lo que está viendo son restos de las dependencias de una gran casa romana de peristilo o patio portificado, enlosado de mármol blanco en el interior, y pavimento de opus spicatum al exterior; fechado entre los siglos I y II d.C.” Tomo las notas pertinentes, claro está, si no de qué. “Le remito, sigue diciéndome, al Museo Provincial de Ciudad Real donde le aguardan objetos arquitectónicos, tumbas y cerámica ibérica de Sisapo de un alto valor”. Sigue explícito y contesta a cuanto le pregunto. Vienen de Madrid, de la Complutense, por encargo de nuestra Junta de Comunidades. “La existencia de ruinas antiguas, me comenta, ya se conocía desde el siglo XVI en tiempos del rey Felipe II. Estamos desenterrando una población entera edificada sobre otras anteriores, pues hay restos datados de los tartésides, que llegaron desde Tartesos buscando las minas de plata y cinabrio”. Me manda escalar el cerro y visitar la otra excavación. Un grupo de diez personas trabajan en ella. No todas son murallas romanas las que están al descubierto, las hay iberas también y el ingeniero se extraña de mi apreciación.
Desde esta altura el Valle se observa majestuoso; es este un punto envidiable; la línea del horizonte se pierde en la llanada; se borra, tan lejana como queda. ¡Con qué sabiduría emplazaban los poblados! Hay descubierto mucho, pero poco para lo que alberga el cerro. Me señala que las tórridas temperaturas del Valle en verano condicionan los progresos a un horario y que en breves días lo dejarán porque el sol, a estas alturas del mes, parece poner las herramientas entre brasas.
SUS PRINCIPIOS
Desde 1980, año en el que se inician trabajos de excavación sistemática, se viene aplicando un método riguroso basado en principios geológicos, topográficos y matemáticos que van descubriendo y estudiando los materiales que salen asociados a tales estructuras, y así poder fechar muros, pilares, columnas, etc.
Hay mucha riqueza arqueológica en Sisapo. Por su situación ha sido testigo no sólo del paso de la cultura pre-romana y romana, sino de la que dejaron los pueblos medievales y el moderno (en este sentido conviene recordar que es zona de cañada ganadera que enlaza con Extremadura y Andalucía). Sisapo fue en su tiempo el centro minero más importante del suroeste de la España Antigua y formaba parte de una ruta comercial que enlazaba la fachada mediterránea, a través del sur de la provincia de Ciudad Real, con Andalucía y Extremadura. Es, por tanto, un enclave de alto valor para conocer la historia de la zona, para la reconstrucción de la dinámica histórica de la comarca.
El asentamiento se ciñó a un encintado defensivo con murallas de más de 3 metros de anchura con unas 28 torres, respondiendo los primeros indicios a un horizonte de transición Bronce-Final del Hierro, esto es, a finales del siglo VIII a.C. En el interior del recinto se han hallado restos de viviendas de diversos momentos culturales desde el siglo VII a.C. hasta el siglo IV d.C., lo que no es raro que un yacimiento con tan larga vida pasara momentos de esplendor y decadencia.
La Bienvenida –poblado en el que asienta el yacimiento- ha podido ser identificada con un importante centro minero, ya citado por las fuentes clásicas, cuyo desarrollo económico se cifraba en la gestión de los recursos, de los minerales que producía la comarca El centro era Sisapo. La razón de su nombre y de su localización está en una estela, piedra marmórea, encontrada en 1982 con la inscripción (S) ISAPON (E), con lo que se da por finalizada la polémica con Chillón y Almadén, localidades que han pugnado siempre por arrogarse la condición de patriarcado.
ITINERARIOS
Me informa uno de los arqueólogos que los pueblos están ligados a sus comunicaciones; de ahí que la investigación sobre vías o caminos antiguos sea relevante para comprender fenómenos económicos, estratégicos y sociales de cualquier núcleo antiguo. Es natural, pues un centro tan relevante obligaría a crear vías de comunicación, especialmente por el este, oeste y sur. Así debe ser porque se hallan dispersas por la zona, después de concienzudos estudios, indicadores referidos a este respecto que son recomposición de los viejos trazados.
Esta ciudad es mencionada por diversas fuentes antiguas que señalan su importancia minera. Plinio (III, 14; XXXIII, 118 y 121) dice que el minio más conocido era el de la región sisaponense. También lo menciona Ptolomeo (II 6,58) y en el llamado ITINERARIO DE ANTONINO, escrito a finales del 111 d.C., se incluye como tercera mansión de la vía Per Lusitaniam ab Emérita Caesarea Augusta. En un principio se identificó con Almadén debido a la citación por las fuentes de la existencia del cinabrio, pero como consecuencia del hallazgo de la estela citada, los investigadores identifican a La Bienvenida con Sisapo.
En el itinerario de Antonino figuran un conjunto de caminos entre las grandes ciudades del Imperio Romano, señalando las etapas intermedias en la ruta (mansiones) y la distancia en millas romanas existentes entre ellas. Y Sisapo aparece mencionado en este itinerario formando parte de uno de los caminos romanos que unían Mérida con Zaragoza. Este trazado contó con ocho estaciones de parada hasta llegar a la Alhambra de Ciudad Real, para, desde aquí, ascender al norte hasta alcanzar Zaragoza. Los últimos estudios abogan que su entrada en el Valle de Alcudia procede de Capilla (Badajoz) a través de lo que hoy se conocen como Camino del Llano y Camino de Almadén a Alamillo. Desde aquí la ruta debía proseguir hasta La Bienvenida por el Camino de la Cabrera, Camino de las Lagunas, Senda de los Molinos y Camino de Alamillo a La Bienvenida. A partir de aquí el trazado se encamina por el puerto de Veredas hasta Caracuel (antiguo CARCUVIUM), Valle del Jabalón, Torrenueva, la Ermita de Mairena en Puebla del Príncipe, hasta su final, Alhambra.
Augusto, entre el 27 y el 15 a.C., en un proceso de reordenación territorial, desgaja -es opinión discutida- de la antigua provincia republicana las zonas mineras de Cástulo y Sisapo, que le interesaba tener bajo su control directo dentro de una provincia imperial y no senatorial como era la Bética. Demuestra este hecho la riqueza de la zona y la importancia de una vía que fue la base de las comunicaciones romanas al norte del Guadalquivir.
Me señalan que este recorrido, probable en tiempos de los romanos, fue utilizado por pueblos anteriores a la llegada de estos; lo testifica el material arqueológico de los siglos V-IV a.C. en diversos puntos del recorrido que indican la frecuentación de la ruta.
Además de este camino, La Bienvenida formó parte de otro que enlazó Toledo con Córdoba, conocida su traza en el Medioevo merced a geógrafos árabes. Uno de ellos, EL-IDRISI, del siglo XII es el más completo y parece adaptarse a lo que pudo ser un camino romano anterior al musulmán. Su traza: Penetra por el Valle de los Pedroches (Córdoba) al Valle de Alcudia a través de la moderna Vía del Azogue; desde aquí enlaza con el camino de Mérida a Zaragoza, suponiéndose que de La Bienvenida a Caracuel utilizarían el mismo pasillo que el citado anteriormente.
Pero otro camino romano la comunicó con Linares (Jaén), buscando CÁSTULO, otra ciudad minera de gran importancia. Es curioso que se conozca la existencia de esta vía por un benefactor que costeó los gastos de reparación del camino que comunicaba CÁSTULO con SISAPO.
“El procurador de la Bética Quintus Torius Culleus llevó a cabo la reparación de la calzada que conducía de Sisapo a Cástulo”.
La última propuesta existente la hace penetrar en el Valle de Alcudia por la Sierra de la Solana, pasando por las cercanías de Hinojosa de Calatrava y Cabezarrubias. De esta forma alcanzaría el área minera conocida como La Romana para enlazar desde allí con la ruta señalada en primer lugar.
Más recientemente se documentan en el Valle una serie de veredas y caminos que utilizó la Mesta. A partir de 1273 la Mesta, organismo regulador del tránsito ovino en Castilla, hace que las tierras del Guadiana se conviertan en uno de los grandes lugares de pastos invernales, junto con Andalucía y Extremadura. El tráfico ovino se articula a través de la llamada Cañada Manchega que desde la Serranía de Cuenca conducía los rebaños hacia el sur por diferentes ramales. De las cañadas del Valle destaca la Vereda Mayor de Alcudia, que se inicia en Veredas, atraviesa el puerto de Mochuelos y en Alamillo se bifurca, dirigiéndose a Córdoba y Extremadura. Aunque lleva el nombre de vereda se trata de la cañada más ancha de todo el Valle.
SU DEPENDENCIA DE ALMODÓVAR DEL CAMPO
Con los árabes de Tarik llega un jefecillo llamado Balch que funda Almodóvar. Después Abderramán III se independiza de Oriente (911-961). Gran esplendor de esta época. Hasta la conquista de Jaén, Córdoba y Sevilla, multitud de sucesos, guerras y treguas, acaecieron, sin que fueran ajenas a ellas Almodóvar, La Balálita (Valle de Alcudia) y La Mancha.
Durante el periodo islámico la zona del Valle se convierte en paso obligado entre la Meseta y Andalucía por el camino de Toledo a Córdoba (IL IDRISI); pero el creciente empuje de los cristianos hacia el sur convierte a la zona en frontera codiciada por unos y otros. Así hasta el año 1212 que con la batalla de Las Navas de Tolosa el Valle quedará bajo la jurisdicción de la Orden de Calatrava.
Efectivamente, el Abad del Monasterio Cisterciense de Fitero (Navarra) funda la Orden de Calatrava, religiosa y militar, sucesora de Los Templarios, con capitalidad en Almagro. Ciento dos pueblos manchegos dependieron de ella. Almodóvar adquiere la categoría de villa, y rango de Encomienda y Alferecía de la Orden; su núcleo será el más importante antes de cruzar Sierra Morena. También el Real Valle de Alcudia formó parte de la Encomienda regida por el Abanderado calatravo (5ª dignidad).
Alfonso VI conquista Toledo en 1095. Por su matrimonio con la hija del Califa de Córdoba se anexiona La Balálita, aunque sus pueblos fueron atacados nuevamente por los árabes. Pero ya nunca más dejaría de pertenecer a la Orden.
Hoy Sisapo está considerado conjunto de interés histórico-artístico por Real Decreto de 03/01/91.
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