CALATRAVA Y SU CAMPO

Estudio sobre los inicios de la repoblación en nuestra zona de influencia 

 

Estas tierras forman el conjunto más meridional y de menos intensidad repobladora en la región a mediados del siglo XII. La fortaleza de Calatrava fue ocupada en 1147, en virtud del pacto suscrito entre Aben Gaina, de Córdoba, y Alfonso VII. El fuero concedido ese mismo año tenía como objetivo consolidar la posición cristiana en este lugar. La corona hizo amplias concesiones a la orden del Temple y a los obispados de Toledo y Segovia, para que contribuyeran a este fin. Sin embargo, el dominio sobre Calatrava dependía, en gran medida, de la situación de las ciudades musulmanas de Baeza y Córdoba. Cuando estas plazas cayeron bajo el poder almohade se hizo muy difícil el progreso de la actividad repobladora en el Campo de Calatrava. El doblamiento cristiano en la zona tuvo una fuerte impronta militar y permaneció articulado en torno a fortalezas como Malagón, Piedrabuena, Alarcos o Caracuel, que eran los únicos puntos que ofrecían cierta seguridad en todo este amplio territorio. Por lo demás la zona siguió expuesta a las incursiones almohades, frente a las cuales era difícil articular una estrategia defensiva válida.

En la segunda mitad del siglo XII  se formaron los dominios de las órdenes militares en las tierras de La Mancha, lo que contribuyó a la progresiva consolidación de las posiciones hispanocristianas en la gran llanura manchega. En su origen, las órdenes militares no diferían mucho de las milicias concejiles, pues se formaron como hermandades de carácter local, y aceptaron colaborar con la corona y otros señores de la tierra, grandes y pequeños, en la defensa de la frontera. No obstante, la existencia de estas instituciones, por su estatuto jurídico y sus vinculaciones políticas con la Iglesia y la corona, contribuyó a la articulación de poderes señoriales más extensos, configurándose un dominio calatravo en el centro y el oeste, otro santiaguista en el este, desde Uclés hasta las sierras de Segura y Alcaraz, y en tercer lugar, entre ambos, el Campo de San Juan, como una lengua intermedia que iba desde Consuegra hasta Ruidera.

El dominio de la Orden de Calatrava se asentaba sobe la plaza de ese mismo nombre y su territorio, que comprendía todo el Campo de Calatrava, un territorio cercano a los 14.000 km2, situado entre Sierra Morena y los Montes de Toledo. Sin embargo el dominio efectivo sobre el mismo era inseguro en los finales del siglo XII, y las necesidades defensivas muy grandes. El territorio contaba con unos siete castillos para su defensa, como Malagón, Alarcos y Benavente. El maestre de Calatrava  cedió parte de estas fortalezas en tenencia a distintos caballeros en 1181. Mientras, la Orden se aseguraba el derecho de recaudación de los Portazgos en todos sus dominios en 1182. La repoblación del Campo de Calatrava se hizo a partir de los castillos existentes en el mismo. La mayoría de estos castillos fueron a menudo sede de una encomienda y en ellos residía un número variable de caballeros de la Orden. Al amparo del castillo se reunía un pequeño grupo de pobladores que, a cambio de protección, recibía tierras en el término, repartidas a quiñón entre todos los vecinos. La propiedad eminente y el señorío estaban en manos de la Orden. De esta forma la repoblación perpetuaba, no sólo el señorío calatravo, sino también la dependencia de los campesinos. Otros nobles colaboraban con los calatravos para asegurar el control militar de la zona desde sus propias fortalezas, como era por entonces el castillo de Dueñas. También se llevó a cabo el acuerdo con el arzobispado de Toledo sobre el régimen de las parroquias y otros derechos episcopales en el Campo de Calatrava. Con respecto a los diezmos se acordó que la Orden recibiría las dos terceras partes de su importe, y el tercio restante, la tercia episcopal, sería para el obispo.

 

La repoblación del dominio calatravo se vio afectada tras la derrota de Alarcos. La Orden de Calatrava tuvo que evacuar sus posiciones e incluso llegó a desaparecer momentáneamente. De hecho los documentos de la época se refieren a ella como Orden de Salvatierra, nombre que recibió cuando un grupo de caballeros calatravos tomaron este castillo en 1198, y asumieron el riesgo de mantener esta posición después de la caída de Calatrava. La fortaleza fue mantenida con grandes dificultades hasta que en 1211 fue conquistada de nuevo por los almohades. Tras la campaña de las Navas, al año siguiente, gran parte del Campo de Calatrava volvió al dominio castellano. La Orden pudo reconstruirse pero fue necesario modificar las pautas de asentamiento. Por una parte, Calatrava no se pudo recuperar como núcleo poblado tras la capitulación. La cabecera de la Orden tuvo que trasladarse a  una nueva fortaleza en 1217, la de Calatrava la Nueva, situada, posiblemente, sobre el antiguo castillo de Dueñas, justo enfrente del castillo de Salvatierra, que por entonces seguía bajo dominio islámico.

______________

 

LA PIEDRA EN LOS CASTILLOS O LA IMPORTANCIA DE LA PROVINCIA EN EL PROCESO DE LA RECONQUISTA.

SU HISTORIA A TRAVÉS DE RUTAS TURÍSTICAS

*

 

El 19 de julio de 1195 la reconquista sufrió un duro varapalo en las proximidades del Guadiana. A la sombra del castillo de Alarcos las tropas cristianas, a las órdenes de Alfonso VIII, y el ejército almohade, comandado por Yussuf II, protagonizaban una cruenta batalla a favor de los almohades. La reconquista se vio frenada en la zona de Castilla. La batalla de Alarcos es uno de los capítulos de la historia de España que se sucedieron en la provincia de Ciudad Real, y no será el último, pues también esta provincia será el origen de la primera orden de caballería hispana, la Orden de Calatrava.

Una ruta por las fortalezas de la provincia es la mejor forma de conocer las aventuras y desventuras que protagonizaron almohades y cristianos en este rincón de La Mancha.

A lo largo de la comarca de Montiel y Calatrava se extiende una ruta de castillos que invitan a conocer los entresijos bélicos de la provincia de Ciudad Real, cuando su ubicación estratégica la convirtió en el principal objetivo de almohades y cristianos.

CALATRAVA. SU HISTORIA.- En torno a la Orden de Calatrava nace la primera de las dos rutas propuestas por la Junta de Comunidades. Ésta invita a conocer aquellas fortalezas cuya historia estuvo ligada a la que fuera la primera orden de Calatrava, cuya primera sede fue el castillo de Calatrava La Vieja. Ubicado en el término provincial de Carrión de Calatrava, la fortificación hoy no alcanza la envergadura de sus años de esplendor, pero sí conserva su señorío y majestuosidad.

Entre las curiosidades arquitectónicas de esta fortaleza cabe destacar sus corachas, un sistema hidráulico y defensivo único inspirado en modelos orientales. Se trataba de grandes brazos de murallas provistos de ruedas elevadoras que se adentraban en el cauce del río para garantizar el abastecimiento de agua a la ciudad. Destacada además por su valor estratégico, pues se levanta en un cruce de caminos que permitía vigilar la vía principal que unía Toledo y Córdoba; fue precisamente su lejanía de las nuevas fronteras españolas entre el norte y sur lo que llevaron a la decadencia a este castillo a favor de la fortificación que se levantó en el término municipal de Aldea del Rey, conocido como Calatrava la Nueva.

            Algo más plural es la historia que narra el castillo de Alarcos, testigo directo de la Batalla del mismo nombre que Alfonso VIII protagonizó contra los almohades. Iberos, romanos, visigodos y árabes dejaron su impronta en esta fortificación que hoy forma parte  del Parque Arqueológico de Alarcos. Las excavaciones realizadas en torno a esta importante edificación pétrea han sacado a la luz, al alcance del visitante, su planta rectangular defendida por nueve torres.

            La historia manda en esta ruta que invita a señalar otra fecha importante, el año 1212, cuando Calatrava La Vieja se abandona y la Orden de Calatrava debe buscar una nueva sede. Se elegirá entonces por situación estratégica y por cercanía al castillo de Salvatierra, desde el que se vigilaba el paso del frecuentado camino hacia Andalucía, el Castillo de Dueñas, en el término municipal de Aldea del Rey, que pasará a llamarse Castillo de Calatrava La Nueva. Sobre el cerro del Alacranejo, esta fortificación no pasa inadvertida. Sus ruinas, inmensas, orgullosas y evocadoras,  ofrecen un más que sublime espectáculo de la grandiosidad constructiva de esta zona en la época medieval.

            Al siglo XII y XIII se remonta el castillo de la localidad de Bolaños de Calatrava, más conocido por ser la sede de la reina de Castilla, doña Berenguela, madre de Fernando III el Santo. Su función era la defensa de la villa de los contínuos ataques musulmanes. En la actualidad sólo puede visitarse el exterior de esta fortificación, gracias a un proyecto de restauración que ahora se está llevando a cabo en el interior de la fortificación.

            EL SEGUNDO RECORRIDO.- El castillo de Peñarroya, el Pilas Bonas y el de Villamanrique conforman la segunda ruta, la que gira en torno a Montiel y a las órdenes militares de Santiago, San Juan y Calatrava. Estos castillos son testigos de un nuevo concepto de vida, que representan los caballeros que inspiraron la locura del Quijote.

            Sede de la Orden de Santiago primero y de la de San Juan, en el siglo XIII, la primera parada de esta ruta invita a conocer no sólo las bellas ruinas del Castillo de Peñarroya, sino también su incomparable entorno, rodeado de encinas y testigo del devenir de las aguas del embalse del mismo nombre donde remansa las aguas del Guadiana. La piedra parece haber encontrado su lugar en este parque natural que son las Lagunas de Ruidera, cuya belleza parece sublime cuando se observa desde la torre del homenaje que todavía hoy se mantiene en pie. En buen estado de conservación, el castillo acoge el santuario de la Virgen de Peñarroya, patrona que comparten la localidad de La Solana y Argamasilla de Alba.

            Dormir en las estancias de un castillo es lo que ofrece hoy la fortificación  de Pilas Bonas, un castillo que durante más de un siglo permaneció oculto en el casco urbano de Manzanares. Construido en el año 1239, esta edificación está directamente emparentada con la Orden de Calatrava. Fue convertido entre  1808 y 1812 en cuartel general de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, y como fortín de acuartelamiento para el ejército cristiano que luchaba en la Guerra Carlista, después de la cual se sumió en un profundo anonimato del que lo sacó un grupo de empresarios hoteleros, que han conseguido recuperar una parte significativa del castillo y lo han convertido en un atractivo turístico que invita a conocer los entresijos del castillo desde el calor de sus estancias.

            En torno al río Guadalén, en el Castillo de Montizón termina esta segunda ruta por las fortificaciones de la provincia. En los alrededores de la localidad de Villamanrique lo curioso de esta fortificación es que utiliza parte de la masa rocosa del cerro en el que se levanta la edificación. El cometido de este castillo era controlar los caminos  que desde Montiel llevaban hasta Jaén, aprovechando que por aquí transcurría la vía Hercúlea o Augusta, que conducía desde Cádiz hasta la Tarraconenses. Su construcción tuvo lugar durante el mandato de Pelayo Pérez, maestre de la Orden de Santiago. Aunque uno de los hechos más significativos y atractivos de esta edificación es que aquí vivió Jorge Manrique, soldado y escritor, lo que convierte este castillo en parte de las rutas Turístico-Literarias de Castilla-La Mancha.

 

Bibliografía: La Tribuna de Ciudad Real.

________________